Entré en las duchas desnudo con la toalla en el hombro y ganas de que me aplastara una cascada de agua caliente. Al pasar las cortinas descubrí que no estaba solo: dos chicas ocupaban dos de las tres duchas y rieron juguetonamente cuando vieron mi desnudez. Las miradas entre tímidas y descaradas se turnaban mientras me iba limpiando, pero no duraron demasiado. Pronto les cambió las caras y salieron rápidamente de las duchas con el miedo en los ojos. Habían visto mi espalda.

Decidí ignorarlas.

De la baja nuca hasta la rabadilla mostraba un corto y liso pelo negro y cano; entre el pelo se abrían largas calvas allí donde tenía las cicatrices de mi condición. Para un medio hombre-lobo el no poder convertirme durante la luna llena debería ser una ventaja, pero era lo que más odiaba: tenía todas las desventajas de ambos mundos. Fui atacado y mordido por un hombre-lobo no completo, así que mi cuerpo sufrió una transformación permanente pero no completada. La mata de pelo en la espalda era un pequeño inconveniente, pero también estaba la impulsiva atracción de la carne casi cruda, el crecimiento de la musculatura, los dientes, y las garras. Estas dos últimas las había conseguido paliar con hechizos permanentes atados a mi boca y manos, para retener el crecimiento anormal a voluntad. La espalda ya era otra cosa. No hubo encantamiento, hechizo o poción que hiciera desaparecer la mata de pelo negro y cano ya que las cicatrices de las garras y la morderda infecta del hombre lobo parecían mantener su condición salvaje. No era el único caso documentado, había pocos, pero trístemente famosos en los libros de texto mágicos por haber sucumbido a la parte lupina y cometido atrocidades contra amigos y familia. La marca de la espalda era típica de mis escasos congéneres.

Mis pensamientos se diluían bajo la ducha que ardía a mi gusto, pero el placer del descanso tras un buen combate en aquella especie de sala de entrenamiento mágica iba a durar poco. Una voz terriblemente conocida me llamaba desde fuera. No era de las voces que decían tu nombre y tu cerebro podía desechar la línea de sonido para no oirla. No; esa mujer cuando te llamaba no podías obviarla.

Salí con la toalla puesta, por decoro propio, y vi que me estaba esperando sentada al lado de mi mochila revuelta de ropas sucias y limpias.

- Vaya... parece que has impresionado a nuestras dos chiquillas. Y no precisamente por tu físico.

- Muy aguda como siempre - gruñí - Que las jodan.

Tonks tenía una belleza y una mirada que aturdían si te dejabas llevar. El característico pelo variable lo tenía ahora corto y de un rosa rojizo seductor. Los ojos dulces y la mirada levemente lasciva que junto a su cara aniñada desmontaban la guardia más férrea si uno no tenía cuidado.

- Has vuelto a tener otro episodio de rabia ¿verdad? - comentó a la ligera, sin parecer que le daba importancia a las palabras.

- Y qué si lo he tenido - dije gravemente. Me habían jodido el momento de paz y la agonía no había ni comenzado. - He conseguido superarlos todos y los que vengan; sabes que era y soy un buen tipo, hay muchas que me consideran dulce y romántico.

La miraba directamente a los ojos mientras lo soltaba. Tonks y yo tuvimos un escarceo a la par salvaje y pasteloso hacía unos años, antes de que volviera Lupin. No ha habido mujer más fogosa en mi cama y más dulce por al amaneces, pero desde el primer momento supe que sería bello y efímero. Por ese motivo un día desaparecí.

- Están aumentando los ataques de hombres lobo. Quién-tú-sabes o sus seguidores los han estado convocando y prácticamente todos se han posicionado en su bando.

- Deduzco que "prácticamente todos" significan Lupin y yo, así que tenemos otra vez un serio problema peludo. Es verdad que me afectan cada vez más las lunas llenas si es lo que quieres oir, pero no has venido a compadecerte de mi ¿correcto?

- ¡Míralo! y yo pensaba que con tanto músculo que te creció se te había secado el cerebro... - dijo mordaz - Snape ha encontrado algo que te podría ayudar... pero hay que pagar un precio; seguramente muy alto.

Sabía a que se refería; si el odioso Snape había logrado revertir o mitigar los efectos de una mordedura de hombre-lobo sin completar significaba que también perdería lo que ahora me hacía valioso y útil.

- Ya conoces la respuesta Tonks; salvo por estas noches de luna llena, soy el de siempre. - La mentira sonó demasiado descarada.

- Recién salido de la ducha, con apenas una toalla y mostrando esa actitud desafiante... creo ahora mismo soy la más indicada para saber si eres el mismo de siempre. - Su voz tenía un cierto sonido a melancolía y súplica - Lupin no puede elegir, pero tú sí. Tu destreza con la magia era suficiente ayuda, no necesitas nada más. Al menos yo no necesito nada más.

No esperaba algo así... había pasado mucho tiempo de nuestro fugaz romance, y posterior reencuentro de Lupin y Tonks. Yo huí sabiendo que no había hecho lo correcto y fui mordido en uno de mis viajes; ella siempre se había sentido algo culpable por ello; había amado a un hombre-lobo que la rechazaba y ahora pesaba sobre ella el haber amado al que ahora era medio hombre-lobo.

Me sentí desarmado por sus ojos. - No sabeis lo que significa esta maldición... pero lo consideraré mientras no haya indicios claros de que Quién-tú-sabes ha regresado.

- El muchacho está seguro de ello. Dumbledor y la Orden también le creen. - Tonks bajó la vista hacia el suelo, no parecía que hubiese traido más argumentos y se le habían desmoronado con demasiada rapidez. Tras unos segundo alzó la vista y me miró fijamente a los ojos. - Si te pasara algo o hicieras algo yo...

La corté antes de que dijera algo de lo que se arrepentiría. - Tú debes cuidar de Lupin que es lo que más amas en este mundo. Yo estaré bien, sigo siendo yo en las peores noches, algo más irascible tal vez, pero no va a más. He cuidado de mi todos estos años, y te agradezco infinitamente los cuidados que me diste cuando aparecí en la verja de tu casa con la espalda desgarrada. Ahora soy más útil para la Orden, aunque ellos lo deseen moralmente no puedo negarles esa ayuda.

Ella bajó la mirada de nuevo y la alzó mirando al frente mientras el cabello se tornaba a un rojo magmático. - La Orden ha estado buscando una cura para ti durante mucho tiempo, arriesgando sus vidas y protegiéndote mientras tú te lanzabas en solitario en misiones que no te incumbían ¡despreciando todo lo que arriesgamos por ti!

Ahora sus ojos se encontraban con los míos nuevamente, con lágrimas amenazando en ellos.

- Si no has sido capaz de ver todo esto... no se si vale correr tantos riesgos por ti.

Salió disparada hacia la puerta de las duchas del gimnasio. Sabía perfectamente que los componentes de las pociones que me había ido suministrando infructuosamente eran, como poco, muy peligrosas de obtener. Tonks había puesto toda su esperanza en cada una de ellas, pero yo ya había asumido que mi condición era irreversible. Ni siquiera la maestría de Lily fueron suficientes el día que me atacaron.

Ahora solo quedaba un camino posible y lo supe la noche en que él volvió a la vida: unirme a mis odiosos congéneres y obtener tanta información del señor Tenebroso como pudiera.