La chica del piano
miércoles 9 abril 2008 a las 13:39 :: Categoría: Sueños :: #96 :: rss
Cuando una chica despampanante sale en minifalda de un piano... sabes que estás en un sueño, y eso jode.
Tenía la altura y físico de Tenhime pero la personalidad y la cara eran no eran suyas; era de rasgos más dulces, de carácter jovial y achuchable. Sonrisa de las que recuerdas y para colmo inteligente. No mucho pecho ni demasiada cadera, en torno a los 0,7 elenios... Jodía mucho que fuera un sueño.
Salió del piano de cola con gracia, sin querer resultar sexy, pero obviamente consiguiéndolo con creces. El llevar apenas una minifalda con aberturas laterales el sujetador de un bañador y una especie de torerilla fucsia realzaba, y mucho, lo imposible de la escena; aún considerando que el piano no tuviera cuerdas en las que lacerarse durmiendo ahí dentro, tenía que ser un piano muy grande para que cupiese una chica tan alta.
- ¡Hola chicos! ¿qué tal estoy? - nos saludaba a Dídac y a mi con cara de felicidad y absoluto desconocimiento del poder seductor de la (poca) vestimenta que llevaba encima.
- Hola niña; pues con 1 metro menos de tela que ayer... así que no diré nada para no resultar obsceno.
- Vamos Ro, ayer también llevaba minifalda y un top, así que no hay tanta diferencia. - Respondió con cierta picardía, así que le debió de gustar mi respuesta.
- ¿Cómo es posible que duermas en ese piano? ¿Es que los chicos del bar no se te tiran al cuello en cuanto te ven? - Dídac estaba estupefacto, le había presentado hace unos días a "la chica del piano" pero creyó que era un bonito apodo para una pianista... no algo tan literal.
- Bueno, una ya está acostumbrada; y prefiero dormir sola. - Resultó ser algo tajante en su respuesta, y era de esperar. Le había contado a mi viejo amigo que ella y yo habíamos intimado un poco, lo suficiente para que nos contásemos algunos secretos, nos riéramos tras un par de cervezas y un café... aunque no lo suficiente para desearla, aunque se hacía difícil viendo la escasez de tela que habitaba su armario.
- Pues es una pena porque tiene que hacer un frío ahí dentro... ¿y no te levantas con tortícolis?
- Ten cuidado niña, que Dídac te pondrá las manos encima con la excusa de hacerte un masaje en cuanto te despistes.
- Descuida, ya estoy acostumbrada a las tortícolis. Y a los babosos. - Le respondió con celeridad. Lo dijo con una sonrisa y guiñándome el ojo. Son de esos gestos que no sabes exactamente qué significan y te imaginas de todo menos lo correcto.
- Aucht! - exclamaba Dídac con su voz de orgullo herido.
- Bueno chicos, una tiene que ganarse el pan. Os veo luego en el descanso. - Como todo, lo decía con una sonrisa en la boca. Tras esto se acerco un poco hacia mi pero de forma poco confidente soltó - Por cierto Ro, el otro día te quedaste dormido en el sofá del bar y mascullabas cosas sobre una chica. ¿Quién es?
Me pilló en fuera de juego. - Ehmmmmm. No se. Creo que hace mucho que no hablo en sueños. Según lo que dijera podía ser desde mi prima hasta Carmen Electra o nadie en particular. ¿Qué decía? - Aunque conocía la respuesta perfectamente quería saber que estupideces escapaban de mi inconsciente. Últimamente me asaltaban sueños repetitivos, algunos de los cuales resultarían muy embarazosos vistos desde fuera.
- Por tus palabras la conocías muy personalmente, fue muy divertido, debería haberlo grabado - Sonrisa pícara y ojos juguetones. Con esta chica todo es un quiero y no puedo. - Luego si eres bueno te lo cuento, que voy a llegar tarde. ¡Besos chicos!
- Los que tú quieras - masculló Dídac al aire una vez se marchó. Unos segundos después dejó de mirar pensativo el pasillo por donde se había marchado y se giró. - ¡Ro, esa sonrisa parte en dos! ¿de dónde la has sacado? El otro día no era la mitad de lo que es ahora.
- Bueno, hoy tiene mucho menos de la mitad de ropa, pero sí; cuando sale por ahí es muy tímida al principio, como tratando de no hacerse notar. Pero es un terremoto en su terreno, es chocante verla tan decidida y tan fragil ¿verdad?
- ¿Y lo del piano? - preguntó contrariado.
- Yo que se. Tendrá un portal dimensional al Fraggel Rock o algo así. Y yo que tú no lo abriría, he oído rumores de los parroquianos del bar sobre gente que curioseó demasiado y acabó muy mal.
- Tío, no se de dónde sacas estas chicas... - dijo Dídac poniendo los ojos hacia el cielo - ¿Tienes una lista de mujeres interesantes o es que te caen del cielo? Deberías intentar algo con ella que se nota a la legua que besarías el suelo que pisa.
- No creo que tenga muchas oportunidades, ya sabes que a las chicas les molan los tíos decididos y un poco chulos. El lado del chico bueno y dulce lo quieren después de que les conquiste el tipo duro. - solté con pesimismo.
- Con Elissa te funcionó...
- No estoy de humor Dídac; no se, es como tener delante una muñeca de porcelana y oro. Es dura pero como no tengas cuidado te la cargas. Y es codiciada por muchos, los suficientes para no tener muchos ánimos de intentarlo.
Nos conocíamos de mucho, y sabíamos qué patadas dábamos mal cada uno, así que zanjamos ahí la conversación y nos dirigimos de la sala del piano a la barra del bar para acuartelarnos tras un par de cervezas ya que Tenhime no se encontraba en la ciudad. De hecho estábamos bastante solos ya que durante las vacaciones de invierno la gente solía desaparecer a ver a la familia que tenía lejos mientras Dídac y yo nos escapábamos a ver a quién fuera. Pero esta vez nos quedamos en la ciudad y por casualidad conocí a la chica del piano.
Tal vez le contara otro día que en realidad sabía mucho más sobre esta mujer tan misteriosa y atractiva, que sí conocía qué había tras el piano y por qué no quería intentar nada con ella; pero esperaría el tiempo suficiente, ya que no quería robarle el placer a mi viejo amigo de imaginarse y soñar lo que era esa chica en realidad... aunque a mi me jodía mucho que fuera un sueño.
Tenía la altura y físico de Tenhime pero la personalidad y la cara eran no eran suyas; era de rasgos más dulces, de carácter jovial y achuchable. Sonrisa de las que recuerdas y para colmo inteligente. No mucho pecho ni demasiada cadera, en torno a los 0,7 elenios... Jodía mucho que fuera un sueño.
Salió del piano de cola con gracia, sin querer resultar sexy, pero obviamente consiguiéndolo con creces. El llevar apenas una minifalda con aberturas laterales el sujetador de un bañador y una especie de torerilla fucsia realzaba, y mucho, lo imposible de la escena; aún considerando que el piano no tuviera cuerdas en las que lacerarse durmiendo ahí dentro, tenía que ser un piano muy grande para que cupiese una chica tan alta.
- ¡Hola chicos! ¿qué tal estoy? - nos saludaba a Dídac y a mi con cara de felicidad y absoluto desconocimiento del poder seductor de la (poca) vestimenta que llevaba encima.
- Hola niña; pues con 1 metro menos de tela que ayer... así que no diré nada para no resultar obsceno.
- Vamos Ro, ayer también llevaba minifalda y un top, así que no hay tanta diferencia. - Respondió con cierta picardía, así que le debió de gustar mi respuesta.
- ¿Cómo es posible que duermas en ese piano? ¿Es que los chicos del bar no se te tiran al cuello en cuanto te ven? - Dídac estaba estupefacto, le había presentado hace unos días a "la chica del piano" pero creyó que era un bonito apodo para una pianista... no algo tan literal.
- Bueno, una ya está acostumbrada; y prefiero dormir sola. - Resultó ser algo tajante en su respuesta, y era de esperar. Le había contado a mi viejo amigo que ella y yo habíamos intimado un poco, lo suficiente para que nos contásemos algunos secretos, nos riéramos tras un par de cervezas y un café... aunque no lo suficiente para desearla, aunque se hacía difícil viendo la escasez de tela que habitaba su armario.
- Pues es una pena porque tiene que hacer un frío ahí dentro... ¿y no te levantas con tortícolis?
- Ten cuidado niña, que Dídac te pondrá las manos encima con la excusa de hacerte un masaje en cuanto te despistes.
- Descuida, ya estoy acostumbrada a las tortícolis. Y a los babosos. - Le respondió con celeridad. Lo dijo con una sonrisa y guiñándome el ojo. Son de esos gestos que no sabes exactamente qué significan y te imaginas de todo menos lo correcto.
- Aucht! - exclamaba Dídac con su voz de orgullo herido.
- Bueno chicos, una tiene que ganarse el pan. Os veo luego en el descanso. - Como todo, lo decía con una sonrisa en la boca. Tras esto se acerco un poco hacia mi pero de forma poco confidente soltó - Por cierto Ro, el otro día te quedaste dormido en el sofá del bar y mascullabas cosas sobre una chica. ¿Quién es?
Me pilló en fuera de juego. - Ehmmmmm. No se. Creo que hace mucho que no hablo en sueños. Según lo que dijera podía ser desde mi prima hasta Carmen Electra o nadie en particular. ¿Qué decía? - Aunque conocía la respuesta perfectamente quería saber que estupideces escapaban de mi inconsciente. Últimamente me asaltaban sueños repetitivos, algunos de los cuales resultarían muy embarazosos vistos desde fuera.
- Por tus palabras la conocías muy personalmente, fue muy divertido, debería haberlo grabado - Sonrisa pícara y ojos juguetones. Con esta chica todo es un quiero y no puedo. - Luego si eres bueno te lo cuento, que voy a llegar tarde. ¡Besos chicos!
- Los que tú quieras - masculló Dídac al aire una vez se marchó. Unos segundos después dejó de mirar pensativo el pasillo por donde se había marchado y se giró. - ¡Ro, esa sonrisa parte en dos! ¿de dónde la has sacado? El otro día no era la mitad de lo que es ahora.
- Bueno, hoy tiene mucho menos de la mitad de ropa, pero sí; cuando sale por ahí es muy tímida al principio, como tratando de no hacerse notar. Pero es un terremoto en su terreno, es chocante verla tan decidida y tan fragil ¿verdad?
- ¿Y lo del piano? - preguntó contrariado.
- Yo que se. Tendrá un portal dimensional al Fraggel Rock o algo así. Y yo que tú no lo abriría, he oído rumores de los parroquianos del bar sobre gente que curioseó demasiado y acabó muy mal.
- Tío, no se de dónde sacas estas chicas... - dijo Dídac poniendo los ojos hacia el cielo - ¿Tienes una lista de mujeres interesantes o es que te caen del cielo? Deberías intentar algo con ella que se nota a la legua que besarías el suelo que pisa.
- No creo que tenga muchas oportunidades, ya sabes que a las chicas les molan los tíos decididos y un poco chulos. El lado del chico bueno y dulce lo quieren después de que les conquiste el tipo duro. - solté con pesimismo.
- Con Elissa te funcionó...
- No estoy de humor Dídac; no se, es como tener delante una muñeca de porcelana y oro. Es dura pero como no tengas cuidado te la cargas. Y es codiciada por muchos, los suficientes para no tener muchos ánimos de intentarlo.
Nos conocíamos de mucho, y sabíamos qué patadas dábamos mal cada uno, así que zanjamos ahí la conversación y nos dirigimos de la sala del piano a la barra del bar para acuartelarnos tras un par de cervezas ya que Tenhime no se encontraba en la ciudad. De hecho estábamos bastante solos ya que durante las vacaciones de invierno la gente solía desaparecer a ver a la familia que tenía lejos mientras Dídac y yo nos escapábamos a ver a quién fuera. Pero esta vez nos quedamos en la ciudad y por casualidad conocí a la chica del piano.
Tal vez le contara otro día que en realidad sabía mucho más sobre esta mujer tan misteriosa y atractiva, que sí conocía qué había tras el piano y por qué no quería intentar nada con ella; pero esperaría el tiempo suficiente, ya que no quería robarle el placer a mi viejo amigo de imaginarse y soñar lo que era esa chica en realidad... aunque a mi me jodía mucho que fuera un sueño.


Comentarios
1. El miércoles 9 abril 2008 a las 15:45, por sir Potato
2. El miércoles 9 abril 2008 a las 15:54, por cels
3. El miércoles 9 abril 2008 a las 18:07, por sir Potato
4. El miércoles 9 abril 2008 a las 18:17, por Dídac :: sitio
5. El viernes 18 abril 2008 a las 18:14, por NewRehtse :: sitio
6. El domingo 20 abril 2008 a las 18:40, por Nexcor :: sitio
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