una calada más...

bajo la penetrante atmosfera que se respiraba en el antro en el que me encontraba, el sonido de las pipas y el olor hacía bailar los colores y las formas

no conseguía saber si el tipo que apoyaba su mano firme en mi espalda estaba hablando, ya que los sonidos eran difusos como mi mente tras esta ultima calada a la pipa.... el dolor era más llevadero, incluso, gratificante; como quién se rasca una vieja herida.

Me dejo llevar por los exóticos devaneos de mi turbada mente, entre humo y sudor. La mano firme deja mi espalda y parece que el hombre al que acompaña la mano se levanta y me hace señas para que no me mueva. Como si eso fuera sencillo, pues cada pequeño movimiento es una sintonía de músculos bailando al compás de una musica compleamente desafinada, que inusualmente logran coordinarse para extender mi mano y erguir mi dedo anular.

El tipo de la mano firme se rie y me grita algo sobre una espiral mientras se marcha.

Parece que mi tatuaje ya está terminado.